Maria del Puy

María del Puy
REPITE DE CABO A RABO EL DOBLAJE DE LIZA MINELLI EN CABARET PORQUE NO LE GUSTA

Apenas se acuerda de su Pamplona natal, donde abre los ojos al mundo en 1940, porque siendo jovencita ya se planta en Madrid. Tras pasar por el conservatorio de declamación y unas pruebas radiofónicas en las que la contratan junto a Paco Valladares, dobla a Ingrid Bergman en Anastasia, de Anatole Litvak, y no la suelta hasta Recuerda, de Hitchcock. La actriz sueca da paso a estrellas de relumbrón: Audrey Hepburn en Dos en la carretera, y la otra Hepburn, Katharine, en Una mujer se rebela.

Ahora, cuando se oye otra vez en estas películas, refunfuña. Eran retos muy altos para sus 18 años. No tiene reparo para criticarse en el doblaje de Dulce pájaro de juventud, en el que tuvo que esforzarse mucho para alcanzar la nota que daba la protagonista femenina a las réplicas de Paul Newman.
Los años, a pesar de ello, le conceden el diploma de la versatilidad, que le permite doblar a una enérgica vampiresa por la mañana y a una pobre ingenua por la tarde. Entre los hitos de María del Puy está Cabaret, cuyo doblaje repite de cabo a rabo porque, al pasar el rollo, la Liza Minnelli resultante no gusta ni al cliente ni a ella. Mención especial merecen Danzad, danzad, malditos, en donde corresponde a la elegancia de una combativa Jane Fonda; Ella y sus maridos, en la que emula la exquisitez de Shirley McLaine; Matrimonio a la italiana, presa de la exuberancia de una irónica Sophia Loren, y La mujer marcada, donde resuelve sin aspavientos la aparente dificultad dramática de Elizabeth Taylor.

Ahora, asegura que no hace nada, que tan sólo pinta y toca el piano en casa, mientras recuerda sus intervenciones en los Estudio 1 de Televisión Española y su continuada dedicación al teatro, interrumpida por un cáncer de mama que, afortunadamente, superó. Lejos quedan aquellos cuartuchos de grabación que nadie ventilaba. María recrimina aún haber inhalado el humo de tantos y tantos fumadores, durante tantas y tantas horas de reclusión, en maratonianas